LA SAGA DEL FORASTERO · Edición Española · No. 01
INSTINTO — DIRECCIÓN
Cuando llegaba el momento, me encontraba de pie ante una encrucijada.
La mente callaba. Sin lógica. Sin cálculos. Sin estrategia. Solo el cuerpo. Una leve inclinación hacia la izquierda. Como una hoja que sigue el viento sin saber dónde habrá de posarse. Aprendí que el instinto proviene de una región ancestral. Más antigua que las palabras. Más antigua que los miedos que aprendimos a cargar. Ya estaba allí. Antes de la escuela. Antes de la educación. Antes del carácter. El instinto es el primer habitante de nuestra casa. El que sigue pagando el alquiler aunque olvidemos que existe.
No habla. Señala. No explica. Acompaña.
Muchas de las decisiones que cambiaron mi vida nacieron así. Sin pruebas. Sin garantías. Sin testigos. Una corazonada. Nada más.
Y sin embargo, al mirar atrás, veo que fue suficiente. Porque el instinto no conoce el futuro. Conoce nuestra verdad: la verdad que a la razón puede llevarle años alcanzar, mientras que el cuerpo ya la sabía.
Y cuando de veras lo escuchamos, dejamos de preguntar adónde lleva el camino. Echamos a andar.
El problema no es cuando el instinto se equivoca. El problema es cuando fingimos no haberlo oído. Porque entonces empezamos a buscar a otro que cargue con nuestras responsabilidades. Un padre. Un maestro. Un jefe. Un gobierno. Un destino.
Si nos negamos a escuchar lo que ya sabemos, siempre encontraremos a quién culpar. Esto es la humanidad. Casi siempre dispuesta a traicionarse antes que tomar una decisión.
Ferdinando
Gillette Man ⚔️
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