11 · Por Ejemplo,

LA SAGA DEL FORASTERO · Edición Española · No. 11

POR EJEMPLO,

Sobre la distancia, el disfraz y la mujer que audita


La comunicación siempre se ha apoyado en una fórmula particular. Por ejemplo. Dos palabras inocentes. Dos palabras que parecen inofensivas y corteses, pero que poseen una ventaja extraordinaria: permiten a una persona entrar en el territorio de otra sin pedir permiso.

Cuando alguien dice por ejemplo, el objetivo rara vez es el ejemplo en sí. El objetivo es la distancia. Porque a la gente no le gusta verse expuesta a un problema. No les gusta oír su propio nombre asociado a una debilidad, un error o una contradicción. Pero están perfectamente dispuestos a observar esas mismas cosas cuando pertenecen a otra persona.

Y así, la comunicación inventó un atajo notable. No digas: «Tú estás haciendo esto». Di: «Por ejemplo, imagina a un hombre que…» Y de inmediato las defensas caen. El oyente sigue la historia. Examina al personaje. Juzga la situación. Quizás incluso ríe. Solo después llega la comprensión. El personaje nunca fue otra persona. El personaje era el oyente. El ejemplo era simplemente un disfraz que llevaba puesto la realidad.

Los mejores comunicadores siempre lo han sabido. Las ideas rara vez entran por la puerta principal. Prefieren las entradas laterales.

Por Ejemplo,

Las relaciones humanas siempre han dependido de los ejemplos. Especialmente entre hombres y mujeres. Los hombres los llevan usando desde hace siglos.

Por ejemplo, imagina que viviéramos junto al mar. Por ejemplo, imagina que nos hubiéramos conocido cinco años antes. Por ejemplo, imagina que nos hubiéramos mudado a Nueva York. Por ejemplo, imagina que nos perteneciéramos el uno al otro.

Ninguna de estas afirmaciones describe la realidad. Describen arquitectura. Estructuras temporales construidas con palabras. Habitaciones donde se permite entrar a la posibilidad antes de que llegue la evidencia.

A los hombres les encantan esas habitaciones. Porque imaginar cuesta menos que construir. Dentro de la imaginación, todo proyecto funciona. Todo viaje tiene éxito. Toda mujer comprende. Todo resultado es favorable.

Entonces, tarde o temprano, llega la realidad. Y la realidad a menudo llega con forma de mujer.

Una mujer inteligente escucha. Una mujer muy inteligente evalúa. Una mujer superior audita. Y la diferencia es considerable. Una conversación ordinaria puede sobrevivir a una evaluación. Un proyecto puede sobrevivir a una crítica. Una ilusión nunca sobrevive a una auditoría.

Ese suele ser el momento exacto en que un hombre inteligente descubre si estaba construyendo un futuro o simplemente decorando una fantasía. La respuesta llega rápido. Las mujeres casi siempre cobran por segundo. Nunca por hora.

Por Ejemplo,

Imagina a un hombre que pasó años construyendo explicaciones. Estrategias. Escenarios. Modelos. Arquitectura. Sistemas enteros diseñados para que la realidad parezca razonable.

Entonces un día se encuentra con una mujer cuya inteligencia excede las dimensiones del sistema que él construyó. No de forma dramática. No de forma agresiva. Solo de forma natural.

Ella escucha. Observa. Espera. Luego hace una pregunta. Una pregunta simple. El tipo de pregunta que hace que diez años de construcción intelectual se derrumben en diez segundos.

En ese momento sucede algo inusual. El hombre deja de construir. Los planes pierden de pronto su atractivo. Los planos se vuelven innecesarios. Los cálculos se vuelven decorativos. La arquitectura desaparece. El proyecto va directo a la papelera.

No porque haya sido derrotado. No porque haya sido humillado. Porque finalmente entendió algo. El ejemplo nunca había sido hipotético. El ejemplo era él. El ejercicio era él. El caso de estudio era él. Y la mujer que tenía delante no había entrado en su imaginación. Él había entrado en la de ella.


Ferdinando
Gillette Man ⚔️


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