La primera hoja, mi Gillette · Edición Española · Nº 03
GILLETTE: IMPREVISIBLE PERO BUENO
Nació dos veces —una en Calabria por error, otra en América por destino— y entremedias construyó todo lo necesario para merecer ambas. Después dejó que los hechos hablaran, en el orden en que llegaron: sin comentarios, sin análisis, sin adjetivos que no estuvieran ya en los gestos.
Un padre por delante, cuarenta años de camino ya recorridos. Una cigüeña distraída. Once años, una playa y una mujer sin ropa interior. Gillette como universidad, como familia, como guerra. Una esposa que sabe solo lo que él eligió que supiera. Tres hijos: el tres que siempre vuelve. Rosario, que un día lo acusa y él se despide igualmente. Ochenta libros escritos sin pedirle permiso a nadie. Un padre que muere en abril de 2025 y no deja nunca de empujarlo. Un turco con una gallina napolitana y huevos ya cocidos. Y al final —no como epílogo, sino como destino— una noche americana, el descanso eterno y nadie que consiga olvidarlo.
Y sin embargo, detrás de esa línea escueta hay un diseño mayor. No una biografía: un mapa moral. La trayectoria de un hombre que convirtió la disciplina en lenguaje, el trabajo en identidad, la memoria en arquitectura. Un hombre que atravesó sistemas —Gillette, L’Oréal, Procter— como se atraviesan continentes: llevando la misma hoja, la misma fe.
Su vida no es una sucesión de acontecimientos. Es una geometría del carácter: deber y libertad, padre e hijo, hoja y ternura. Construyó un universo narrativo donde cada libro es un fragmento de ADN, cada palabra un código, cada gesto una firma.
Y si alguien preguntara quién fue realmente, la respuesta sería sencilla: un hombre que supo ser imprevisible, pero bueno.
Como decía su padre. Las únicas palabras que cuentan.
Nando
